Crinkle de Calabacín y Mozzarella: Una Tarta Salada Mediterránea
A la salida del horno, el contraste es irresistible: una superficie dorada que cruje bajo el tenedor y un corazón muy suave, casi aireado. Este plato es el tipo de receta que se coloca en el centro de la mesa y desaparece antes incluso de haberse templado.
El Secreto del Crinkle: Una Textura Inigualable
La calabacín es un fruto-verdura particularmente práctico en temporada. Funciona en una tarta rápida, un gratinado a la Parmentier o una sopa helada, pero también puede convertirse en la base de un plato más original. El problema de las tartas de calabacín clásicas es a menudo el mismo: una masa que se ablanda, verduras que sueltan agua y un relleno a veces un poco compacto. Aquí, la textura se piensa de otra manera. El crinkle está inspirado en preparaciones del Mediterráneo y del Medio Oriente.

La Receta: Pliados y Crujientes
El crinkle es una tarta salada realizada con pasta filo. A diferencia de una masa quebrada o hojaldrada extendida en el fondo de un molde, las hojas de filo se pliegan en acordeón o se enrollan en rollitos. Se colocan luego juntas en un recipiente engrasado con aceite de oliva. El aceite de oliva es esencial: ayuda a la pasta filo a volverse crujiente y realza sus finas capas.
En esta versión, las láminas de calabacín se insertan entre los pliegues con trozos de mozzarella desmenuzados a mano. Algunas toques de pesto aportan una nota herbácea, más intensa y muy estival. El relleno de huevos, crema, leche, tomillo, sal y pimienta desciende luego en los intersticios. El resultado no tiene nada de un gratinado compacto. La pasta filo mantiene zonas secas y crujientes en la parte superior, mientras que las partes empapadas se vuelven fundentes.